Fotografía del artículo no disponible
27 Oct 2026 Energía eléctrica

Energía en edificios y hogares

Ahorro energético , energía

Ventanas, aislamiento, orientación, sombreamiento, climatización o electrodomésticos determinan cuánta energía necesita una vivienda para ser confortable. En una Europa que quiere descarbonizar sus edificios para 2050, reducir el consumo energético de los hogares pasa tanto por una cuestión de hábitos como por transformar un parque inmobiliario envejecido y adaptarlo a unas condiciones climáticas cambiantes.

Hay casas que guardan el fresco durante horas y otras en las que el verano parece instalarse en cada habitación. Viviendas donde basta abrir una ventana al caer la noche y otras en las que el aire acondicionado trabaja durante buena parte del día frente a paredes, cubiertas y cristales recalentados. En invierno ocurre algo parecido: algunas conservan durante horas el calor de la calefacción mientras otras lo pierden con mayor rapidez.

Antes de encender la calefacción o conectar el aire acondicionado, las propias características del edificio condicionan parte de su consumo. Su orientación, sus materiales, las ventanas, el aislamiento o la entrada de radiación solar influyen en la cantidad de energía necesaria para mantener unas condiciones adecuadas dentro de casa.

Foto: Pixabay.

De eso trata, en buena medida, la eficiencia energética: alcanzar condiciones de confort utilizando menos energía.

La reducción del consumo energético de los edificios ocupa un lugar relevante en las políticas europeas. Los edificios representan alrededor del 40 % del consumo energético de la Unión Europea y cerca del 75 % presentan un comportamiento energético deficiente, según la Comisión Europea. En este contexto, la Directiva (UE) 2024/1275 sobre la eficiencia energética de los edificios (EPBD) establece el marco para avanzar hacia un parque inmobiliario de cero emisiones de aquí a 2050, mediante medidas dirigidas, entre otros aspectos, a mejorar la eficiencia de los edificios existentes y acelerar su renovación energética.

Ahorrar energía

El consumo energético de una vivienda no depende solo de cuántos aparatos se utilicen, sino también de la energía necesaria para mantener unas condiciones adecuadas en su interior. El estudio SPAHOUSEC sobre consumo energético residencial, elaborado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, analiza precisamente cómo influyen factores como la climatización, el agua caliente, los electrodomésticos, el tipo de vivienda o la zona climática en el consumo de los hogares españoles.

Por eso, dos viviendas con hábitos similares pueden necesitar cantidades diferentes de energía. Las características del inmueble, como el aislamiento, las ventanas, la orientación o los sistemas de climatización, también determinan cuánta energía necesita para mantener unas condiciones interiores determinadas. Para evaluar su comportamiento existe la calificación energética de los edificios, que permite comparar inmuebles atendiendo a su consumo y sus emisiones.

La ‘piel’ de la vivienda

Las fachadas, cubiertas, suelos, puertas y ventanas forman la llamada envolvente térmica, la frontera entre el interior del edificio y las condiciones exteriores. Sus características afectan directamente a las necesidades de climatización. Por ejemplo, una ventana poco aislante facilita la entrada de calor en verano y su pérdida en invierno. Una cubierta expuesta durante horas al sol puede aumentar la temperatura interior, mientras que las infiltraciones de aire incrementan el trabajo de los sistemas de calefacción o refrigeración. Las estrategias de ventilación natural. Por ejemplo, apertura de ventanas para enfriamiento nocturno, y el uso de elementos de sombreamiento móviles tales como los toldos son también fundamentales para evitar sobrecalentamientos en la época estival.

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), entre las actuaciones que permiten mejorar el comportamiento energético de los edificios se encuentran las intervenciones sobre la envolvente térmica -fachadas, cubiertas, carpinterías, vidrios o protecciones solares-, junto con la mejora de las instalaciones térmicas, los sistemas de ventilación y la incorporación de energías renovables.

Foto: Pixabay.

Entre las medidas que recoge el organismo figuran:

  • mejorar el aislamiento térmico de fachadas y cubiertas;
  • actuar sobre ventanas, vidrios y carpinterías exteriores;
  • incorporar protecciones solares y sistemas de sombreamiento;
  • mejorar los sistemas de calefacción, refrigeración y agua caliente;
  • incorporar soluciones de ventilación natural o forzada;
  • utilizar fuentes de energía renovable.

Cuando estas actuaciones afectan al conjunto del inmueble hablamos de rehabilitación energética de edificios.

Andalucía: viviendas frente a las altas temperaturas

En Andalucía, el análisis de la eficiencia energética de las viviendas incorpora también su comportamiento durante los meses más cálidos.

Una investigación de la Universidad de Sevilla publicada en 2024 analizó viviendas sociales situadas en edificios históricos de Córdoba y Granada durante episodios de calor extremo. El estudio detectó situaciones de sobrecalentamiento y analizó las dificultades que plantea la rehabilitación de este tipo de inmuebles cuando deben compatibilizarse el confort térmico, la eficiencia energética y la conservación patrimonial.

Otro trabajo de esta misma institución, centrado en el parque de vivienda social andaluz, estudió su vulnerabilidad energética mediante variables relacionadas con los edificios, las condiciones socioeconómicas de los hogares y diferentes escenarios climáticos. Sus autores señalan que el sobrecalentamiento durante el verano podría aumentar su peso en las próximas décadas.

Esta situación se relaciona con la denominada pobreza energética en verano, que se produce cuando un hogar no puede mantener unas condiciones térmicas adecuadas durante los meses de altas temperaturas. “El problema no depende únicamente de los sistemas de climatización. Una vivienda con aislamiento térmico o elementos de sombreamiento deficientes, o ventilación inadecuada, necesita más energía para mantener una temperatura interior confortable lo que puede incrementar el consumo y el gasto en refrigeración y calefacción”, explica la investigadora de la Plataforma Solar de Almería, perteneciente al CIEMAT, Alba Ruiz-Aguirre.

Fuente: Pixabay.

En este sentido, una investigación de las universidades de Granada y Sevilla ha analizado 58.819 certificados energéticos y 530 secciones censales de Sevilla para estudiar la vulnerabilidad energética de la ciudad. El trabajo relaciona las características energéticas de las viviendas con variables económicas y sociales para identificar distintos perfiles de vulnerabilidad.

Junto al análisis del problema, la investigación andaluza también ensaya nuevas soluciones de refrigeración. La Universidad de Almería (UAL) participa, a través de CIESOL, en el proyecto europeo COOLSPACES 4 LIFE, que desarrolla un sistema de climatización para edificios públicos alimentado principalmente con energía solar fotovoltaica, con refrigerantes de bajo potencial de calentamiento global y almacenamiento térmico. El equipo de UAL-CIESOL trabaja en el diseño y ensayo del sistema de almacenamiento de frío mediante materiales de cambio de fase y en la implementación del prototipo en Almería. La Unidad de Eficiencia Energética en la Edificación del CIEMAT, con una intensa actividad en la Plataforma Solar de Almería, lleva a cabo investigación orientada al desarrollo y mejora de procedimientos para la evaluación del comportamiento energético de edificios construidos vacíos y en uso. Estas evaluaciones son fundamentales para garantizar que se alcanzan los objetivos de eficiencia y ahorro energético en edificios construidos o rehabilitados. Esta investigación se desarrolla en un contexto de colaboración internacional en el Annex 94 del programa EBC de la IEA, y en proyectos nacionales tales como los proyectos In-Situ-BEPAMAS y TestsToEPB.

Qué se puede hacer en casa

No todas las actuaciones implican una rehabilitación integral. Una guía de ahorro energético doméstico reúne diferentes medidas relacionadas con el equipamiento, la climatización y los hábitos de consumo.

Entre ellas:

  • conocer mejor dónde y cómo se consume energía;
  • regular la climatización en función de las necesidades;
  • aprovechar la ventilación nocturna y los elementos de sombra;
  • elegir equipos eficientes consultando la etiqueta energética;
  • utilizar sistemas de domótica para gestionar la iluminación o la climatización;
  • producir parte de la energía consumida mediante fuentes renovables.

La relación de los hogares con la energía también ha cambiado con la incorporación de sistemas de generación distribuida. Por ejemplo, la energía solar fotovoltaica permite producir electricidad, mientras que la solar térmica puede emplearse, entre otros usos, para obtener agua caliente.

A ello se suma el autoconsumo, que puede desarrollarse de manera individual o compartida entre varios usuarios. Es un modelo diferente al de las comunidades energéticas, entidades que pueden desarrollar actuaciones de generación, eficiencia, almacenamiento u otros servicios relacionados con la energía.

De este modo, algunos edificios pueden combinar su función tradicional como consumidores con la producción y gestión de parte de la energía que utilizan.

Nuevas formas de climatizar desde Andalucía

La investigación andaluza trabaja también en sistemas destinados a mejorar la eficiencia de la climatización. Por ejemplo, la Universidad de Córdoba ha desarrollado RACU, un sistema de refrigeración que utiliza aire exterior para controlar variables como la temperatura, la humedad y la concentración de dióxido de carbono (CO₂). En los ensayos realizados, esta unidad de refrigeración registró elevados coeficientes de eficiencia energética bajo determinadas condiciones experimentales.

El sistema forma parte de una instalación más amplia del Campus de Rabanales, donde una red de distrito climatiza más de 20.000 metros cuadrados mediante energías renovables.

Las políticas públicas autonómicas recogen igualmente actuaciones relacionadas con los edificios, como es el caso de la Estrategia Energética de Andalucía 2030, que incluye entre sus objetivos reducir el consumo energético, aumentar la participación de las renovables y avanzar en la rehabilitación energética de edificios y hogares.

Y es que durante décadas, buena parte del confort interior se ha apoyado en sistemas capaces de producir frío o calor cuando las condiciones exteriores lo exigían. Sin embargo, el consumo de una vivienda empieza antes de que se encienda cualquiera de esos equipos.

Una ventana con mejores prestaciones, una fachada protegida de la radiación solar, una ventilación adecuada o una cubierta correctamente aislada pueden disminuir las necesidades de climatización. Si, además, el propio edificio produce parte de la electricidad o del calor que utiliza, cambia también su relación con el sistema energético.

Porque una casa consume energía cuando encendemos una lámpara, calentamos el agua o ponemos una lavadora, pero una parte de ese consumo se decide mucho antes. A veces, incluso antes de que crucemos la puerta.

Ir al contenido