Energía y cambio climático

El cambio climático es uno de los problemas más graves a los que se enfrenta la humanidad. El incremento de la temperatura media del planeta, el cambio en los patrones de las precipitaciones, el aumento del nivel del mar y de la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos está poniendo a prueba nuestro modelo de vida, que tendrá que adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, sociales y económicas.

La causa más importante del cambio climático es el calentamiento del planeta, producido por los llamados Gases de Efecto Invernadero (GEI) y que actualmente son emitidos en los procesos de producción (industrial y agrícola), transporte y consumo energético que conlleva el actual modelo de desarrollo generado por la actividad humana.

La capa de GEI, situada en una zona baja de la atmósfera, deja pasar la radiación solar de onda larga hacia la superficie terrestre, que se calienta. Sin embargo, cuando este calor es de nuevo emitido hacia la atmósfera, los GEI no lo dejan escapar y lo retienen, provocando el calentamiento del planeta.

Según el Plan Andaluz de Acción por el Clima (PAAC) las actividades cuantitativamente más importantes en relación con las emisiones de GEI son el sector de la producción y la transformación de energía (31%), así como el transporte por carretera. No en vano el crecimiento del consumo eléctrico en Andalucía se ha duplicado en los últimos veinte años.

Y es que aunque hay otros muchos gases, el mayor responsable del efecto invernadero es el Dióxido de Carbono (CO2), que principalmente se emite durante la quema de combustibles fósiles. Emisiones que practican las centrales térmicas para producir energía eléctrica y los vehículos con motor de combustión.

La lucha contra el cambio climático no sólo es un reto, sino que puede entenderse como una oportunidad para propiciar un cambio en el estilo de vida, que permita el desarrollo de un mundo más concienciado, justo, equilibrado y sostenible. La toma de conciencia de la gravedad  del problema está abriendo una línea de reflexión que, entre otras cosas, lleve a un consumo más racional de la energía y a una clara apuesta por las fuentes renovables que no conllevan emisiones de CO2.