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Desarrollan un modelo de simulación que predice el impacto del cambio climático en obras de arte y edificios históricos

Fuente: Fundación Descubre |

El paisaje urbano cuenta la historia de una ciudad. Pasear entre edificios históricos es una narración en vivo de la identidad y la cultura de un pueblo. Por eso, se hace imprescindible conservarlos. Pero lo local se ve afectado por los cambios globales y las transformaciones climáticas que sufre el planeta también dejan huella en los habitantes de piedra de las calles, que tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias y formas de vida.

En este trabajo se analizaron las iglesias de San Francisco de Asís, la Merced y la Victoria de la provincia de Sevilla, construidas entre los siglos XVI y XVII.

Quienes administran estos inmuebles intentan lograr la simbiosis entre una buena conservación arquitectónica y de sus obras de arte y la confortabilidad de los usuarios o visitantes, reduciendo al máximo los costes económicos. Un lugar, aunque sea digno de contemplación, debe tener buena ventilación, una temperatura agradable y ser cómodo para sus usuarios y visitantes. El problema suele provenir de la disyuntiva entre la adaptación al frío o al calor para poder disfrutarlos cómodamente y las necesidades de temperatura o humedad que requieren para su preservación.

Los inmuebles patrimoniales que requieren una intervención, como conventos o iglesias, son el principal objetivo de la metodología que propone un equipo de investigación de las Universidades de Málaga y Sevilla en un artículo publicado en la revista Applied Energy. En él explican cómo simular, en el escenario actual y en 2050, distintos tipos de acondicionamiento en edificios teniendo en cuenta los materiales, la disposición y la estructura del edificio, así como las condiciones ambientales que soportan para lograr la unificación de estos condicionantes.

Con este método se podrán proponer alternativas para hacer a los edificios lugares más habitables, en los que se conserven correctamente las obras de arte y que sean viables energética y económicamente. La solución de aclimatado se podrá elegir de una manera más exacta, fiable y con una proyección de futuro que incluye las consecuencias que producirá el cambio climático en ellos.

Los gestores contarán, así, con estrategias de restauración para un mejor uso de la energía y una reducción de las emisiones de carbono, sin comprometer el patrimonio arquitectónico. “Uno de los principales desafíos en la actualidad es la reducción de energía en edificios históricos, una acción necesaria para cumplir los objetivos energéticos futuros y reducir el impacto del cambio climático”, indica a la Fundación Descubre la profesora de la Universidad de Málaga e investigadora de la Universidad Sevilla Carmen Muñoz González, autora del artículo.

La metodología incluye el análisis de las características constructivas de cada edificio: los materiales utilizados, el espesor de sus muros, la techumbre, sus dimensiones, las obras de arte que contienen… Además suma los datos climatológicos y parámetros ambientales como humedad, temperatura o velocidad del aire, tanto del exterior como del interior y simula los que se darán en 2050 por el cambio climático. De esta manera, queda configurada la recreación virtual del edificio y de sus condiciones climáticas. También simula la confortabilidad de los ocupantes y la eficiencia energética. Una vez que se tiene el estudio de la situación actual y la previsión en 2050, se comparan distintas técnicas de aclimatado.

Por tanto, mediante esta técnica se da un paso más ante la preocupación por conservar el patrimonio y por lograr edificios adaptados a los nuevos requisitos de confortabilidad y de eficiencia energética existentes. “Sin este cambio de política, los edificios tradicionales, que ahora son un activo valioso, se convertirán en una carga en el futuro cercano”, añade la investigadora.

De esta manera, cualquier gestor de un edificio histórico podría determinar adaptaciones con una proyección a largo plazo frente al cambio climático. Esto permitirá un ahorro del gasto energético asegurando la conservación patrimonial, independientemente de la ciudad donde esté situado. Además, se contribuye a preservar la intrahistoria de sus calles para las generaciones venideras.

Imagen 1: Programas de simulación

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