Evolución del uso de la energía

La primera evidencia que se tiene del uso de una fuente de energía externa por parte del ser humano llegó hace un millón de años con descubrimiento del fuego. Un hito que dio el pistoletazo de salida de una larga carrera, que hoy continúa, por explotar los recursos energéticos.

Fueron necesarios varios miles de años para que el ser humano aprendiera a controlar el fuego a su antojo siempre que necesitara calentarse, cocinar o defenderse de las bestias.

Ya en el Neolítico, los seres humanos aprendieron a cultivar plantas y a domesticar a los animales, asegurándose una fuente constante de alimento que les permitió abandonar la vida nómada.

Más tarde, el desarrollo de la alfarería y el posterior hallazgo de la metalurgia, implicaron la combustión de madera y carbón vegetal de forma intensiva.

La invención de la rueda (3500 a.C.) y de la vela facilitaron el transporte por tierra y mar. La primera, explotando la fuerza animal; la segunda, la energía del viento.

En la Edad Media surgirían los molinos hidráulicos y de viento, para moler cereales o bombear agua. También empezó a proliferar el uso del carbón como fuente de energía por combustión frente a la madera.

A China se le debe el descubrimiento de la pólvora a finales de la Edad Media, que otorgaba un gran poder destructivo a partir de la energía química que almacena.

A finales del siglo XVII, tienen lugar importantes progresos en la Física y la Química, que darían lugar al desarrollo de la máquina de vapor, pilar de la Revolución Industrial en el XVIII. Sus aplicaciones en el transporte marítimo y en el ferrocarril se generalizaron a nivel mundial.

La combustión de la madera sostuvo hasta mediados del XIX este desarrollo hasta que, primero con el carbón y después con el petróleo, los combustibles fósiles tomaron un protagonismo que aún perdura.

Los conocimientos sobre Electricidad y del Electromagnetismo hicieron posible transformar la energía eléctrica en mecánica. Así llegaron los motores de corriente eléctrica continua, después alterna, el transporte de la electricidad, el alumbrado eléctrico, etc.

A finales del s. XIX, Nikolaus August Otto inventaría el motor de combustión interna, que dispararía la demanda de petróleo, que desbancaría a la de carbón. A la vez, el consumo de electricidad seguiría creciendo alimentado por las centrales hidroeléctricas y térmicas.

Los bases de la Energía Nuclear se descubrirían a comienzos del siglo XX, llevándose a cabo la primera fisión artificial del átomo de Uranio en 1938 de la mano Otto Hahn. Cuatro años después, Enrico Fermi construiría el primer reactor nuclear.

Paralelamente, se desarrollarían sus aplicaciones bélicas, puestas en práctica en las los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, y cuya amenaza marcaría la Guerra Fría entre EE.UU y la URSS durante la segunda mitad del siglo XX.

En el último tercio del siglo XX y comienzos del XXI, la preocupación por la contaminación, el cambio climático y la escasez de recursos fósiles, están dirigiendo los esfuerzos hacia la producción de energías renovables (solar, eólica o de la biomasa, etc.)