La pobreza energética fue definida por la británica Brenda Boardman a principios de la década de 1990 como “incapacidad para un hogar de obtener una cantidad adecuada de servicios de la energía por el 10% de la renta disponible”.

De forma general, la pobreza energética es la situación en la que un hogar es incapaz de pagar una cantidad de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda. Esto se traduce en impactos sobre el bienestar de las personas.

El concepto difiere en función del grado de desarrollo de los países. En los desarrollados es un problema de sobreesfuerzo o capacidad de pago de las facturas de la energía mientras que, en los países en vías de desarrollo, se trata de un problema de acceso a fuentes de energía. Las causas que generan esta precariedad son, por ejemplo, los bajos ingresos del hogar, la calidad insuficiente de la vivienda y los precios elevados de la energía.

Fotografía. Fuente: Chronomarchie en Pixabay