Nuclear

Torres de refrigeración de la central nuclear de Cofrentes (Valencia).
(Foto: Wikipedia)

Qué es:  Es la energía que se libera al producirse una reacción nuclear en un átomo, ya sea al dividir su núcleo (fisión) o al unir dos átomos (fusión). El sistema habitualmente utilizado es el de la fisión en un átomo de uranio enriquecido (o plutonio) altamente radiactivo. Un proceso que libera una enorme cantidad de energía en forma de calor que es transformado en energía eléctrica. También se puede utilizar la energía nuclear para obtener energía térmica y mecánica.

Cómo se obtiene: Las centrales nucleares son las instalaciones donde la energía nuclear se transforma en electricidad. La reacción de fisión, que tiene lugar en el interior de un reactor, genera un calor que es utilizado para convertir agua en vapor. Este vapor es impulsado hacia unas turbinas que, dada la alta presión, comienzan a girar a gran velocidad. La energía mecánica generada pasa a un alternador que la transforma en energía eléctrica. A continuación, el vapor de agua es de nuevo enfriado en un condensador con agua procedente de torres de enfriamiento o del exterior. El agua enfriada vuelve al punto inicial para repetir el proceso.

Esquema de funcionamiento de un reactor nuclear.
(Ilustración: INTEF)

Historia: Henri Becquerel descubrió, en 1896, que algunos elementos químicos emitían radiaciones. Tanto él como otros científicos, incluidos Pierre y Marie Curie, estudiaron sus propiedades hasta que se descubrió que provenían del núcleo atómico, que describiría Rutherford en 1911. Tras conocerse la composición del átomo y sus propiedades, el físico danés Niels Bohr dividió el núcleo del uranio por primera vez. La fisión del uranio liberaba diez veces más energía que cualquier otra de las conocidas hasta entonces y era susceptible de una reacción en cadena. Ya en 1942, el físico Enrico Fermi construyó en EE.UU la primera pila atómica, efectuando la primera reacción nuclear controlada de la historia y sirviendo de antesala de las futuras centrales, aunque también de las primeras bombas atómicas. No fue hasta 1956, en Gran Bretaña, cuando se puso en funcionamiento la primera central nuclear comercial en el mundo.

Ventajas: Las centrales nucleares pueden generar mucha energía con poco combustible. Producen energía constante. Por otro lado, la tecnología nuclear ha realizado importantes avances en el campo de la medicina: rayos X, radioterapia, radiofármacos, etc.

Inconvenientes: En caso de accidente, existe un altísimo riesgo de contaminación, como se comprobó en la central de Chernóbil (1986) y, más recientemente, en la japonesa de Fukushima (2011). Las centrales requieren de muchos sistemas de seguridad, además de que su construcción y mantenimiento tienen un coste muy alto. Se producen residuos radiactivos que no se pueden destruir y son difíciles de almacenar. Esta energía también es utilizada con propósitos bélicos (bombas nucleares). Mientras las terribles consecuencias de los bombardeos de Iroshima y Nagasaki (1945) permanecen en la memoria histórica colectiva, la amenaza nuclear sigue hoy en día presente aún terminada la Guerra Fría.

En nuestro territorio: Existen en España ocho centrales nucleares activas: Almaraz I y II (Cáceres), Ascó I y II (Tarragona), Vandellós (Tarragona), Trillo (Guadalajara), Santa María de Garoña (Burgos) y Cofrentes (Valencia). Estos ocho reactores nucleares producen la quinta parte de la energía que se consume en España. Andalucía, pese a no contar con centrales nucleares por su nivel de actividad sísmica, sí obtiene una parte de la electricidad que consume de la energía nuclear, concretamente la producida en la central extremeña de Almaraz.

Perspectivas de futuro: Accidentes como el de Chernóbil y Fukushima han alimentado las opiniones contrarias al uso de este tipo de energía debido a su peligrosidad. Los problemas de seguridad y los residuos radiactivos que genera son aún serias cuestiones por resolver. También está pendiente de ser realidad la fusión nuclear, que continúa en fase de investigación y desarrollo.

La única diferencia entre las centrales de energía nuclear y las convencionales es la manera en la que generan el vapor para activar las turbinas con el objetivo de producir electricidad