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Energía mareomotriz

Quien camine por una playa con varias horas de diferencia puede encontrarse dos paisajes muy distintos. Donde por la mañana el agua cubría las rocas, por la tarde queda al descubierto una enorme franja de arena húmeda y rocas cargadas de biodiversidad. El mar se retira y retorna en un horario propio en forma de mareas. Lo interesante es que ese movimiento periódico también puede utilizarse para producir electricidad.

La energía mareomotriz es una de las energías del mar, un conjunto de fuentes renovables que aprovechan distintos recursos de los océanos para producir energía. En concreto, utiliza la subida y la bajada del nivel del mar o las corrientes provocadas por estos cambios. Las mareas se deben principalmente a la atracción que ejercen la Luna y, en menor medida, el Sol sobre los océanos. Como las posiciones de estos astros pueden calcularse con mucha antelación, también es posible prever                                                                                cuándo subirá o bajará el agua.

Fuente: Pixabay

Esta regularidad constituye una de sus principales ventajas. A diferencia de la radiación solar o del viento -cuya disponibilidad depende de unas condiciones meteorológicas más variables-, las mareas siguen ciclos que pueden predecirse con gran precisión. Esto no significa que produzcan electricidad continuamente, pero sí que permite anticipar en qué momentos estará disponible este recurso energético.

Transformar marea en electricidad

Existen dos formas principales de aprovecharla. 

  • La primera consiste en construir una barrera en un estuario o una bahía, es decir, en una zona de costa donde el agua pueda quedar retenida. Cuando la marea sube, el embalse se llena. Al bajar, el agua acumulada atraviesa unas turbinas antes de regresar al mar. Su movimiento pone en marcha un generador que produce electricidad. El sistema se parece, en parte, al de una central hidroeléctrica, en la que la fuerza motriz es la gravedad terrestre, que hace que el agua se desplace desde una cota más alta a otra más baja. En este caso, sin embargo, se aprovechan los cambios del nivel del mar provocados por las mareas en lugar del agua almacenada en un embalse fluvial.
  • La segunda opción aprovecha directamente las corrientes de las mareas. Para ello se instalan turbinas bajo el agua, semejantes a aerogeneradores sumergidos. En vez de ser empujadas por el aire, sus palas giran por el paso del agua. Ese movimiento se convierte después en electricidad, que llega a tierra mediante cables submarinos.

Investigación andaluza

En Andalucía también se investiga cómo aprovechar este recurso. La Universidad de Cádiz estudia el potencial energético de las corrientes del Estrecho de Gibraltar. Para ello, sus investigadores emplean modelos informáticos que reproducen con gran detalle cómo se mueve el agua y permiten identificar los lugares donde las corrientes son más intensas y, por tanto, podrían resultar más adecuadas para producir electricidad. Entre las zonas estudiadas se encuentran la costa de Tarifa y los umbrales de Camarinal y Espartel, dos elevaciones submarinas situadas en el Estrecho.

Más recientemente, investigadores del Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) de la propia universidad han estudiado también cómo aprovechar la energía de las corrientes de marea en instalaciones de acuicultura, es decir, aquellas destinadas a la cría y cultivo de especies acuáticas.

Un recurso previsible, pero minoritario

Pese al enorme volumen de agua que se mueve cada día, esta tecnología continúa teniendo una presencia reducida. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables, todas las formas de energía oceánica sumaban 494 megavatios de potencia instalada en el mundo al finalizar 2024. Para hacerse una idea, si todas esas instalaciones funcionaran a pleno rendimiento al mismo tiempo, podrían mantener encendidos unos 247.000 hornos eléctricos de 2.000 vatios. La cifra incluye tanto la energía de las mareas como la obtenida de las olas y otras tecnologías marinas.

Fuente: Imagen generada con IA.

¿Por qué, entonces, la energía de las mareas no se ha extendido de la misma forma que otras renovables? Una de las razones es que no cualquier tramo de costa reúne las condiciones necesarias. Para que una instalación resulte útil, debe existir una diferencia suficiente entre la marea alta y la baja o corrientes intensas y regulares. Además, aunque las mareas sean predecibles, la producción no es continua, sino que se concentra en determinados momentos del día.

A estas limitaciones se suman las dificultades de construir y mantener instalaciones en el mar. El agua salada favorece la corrosión, las tormentas pueden dañar los equipos y acceder a ellos para realizar reparaciones resulta más complejo y costoso que en instalaciones situadas en tierra. También puede ser necesario desarrollar infraestructuras que permitan transportar hasta los lugares de consumo la electricidad producida en emplazamientos alejados de la red.

Por último, cada proyecto debe estudiar sus posibles efectos ambientales. Las barreras pueden modificar el movimiento de sedimentos, los hábitats costeros y el paso de peces y otras especies. Las turbinas submarinas ocupan menos superficie, pero igualmente requieren analizar sus efectos sobre la fauna, la pesca y la navegación. Por tanto, el reto no consiste únicamente en conseguir que estas tecnologías produzcan electricidad de forma eficiente, sino en reducir sus costes, facilitar su mantenimiento y demostrar que pueden desplegarse a mayor escala minimizando sus efectos sobre los ecosistemas marinos.

Aun así, Europa considera que estas tecnologías pueden complementar a otras fuentes renovables. De hecho, la Comisión Europea se ha marcado como objetivo alcanzar al menos un gigavatio de energía oceánica en 2030 y 40 gigavatios en 2050.

Alcanzar esas cifras supondría multiplicar de forma considerable la capacidad actual y demostrar que estas instalaciones pueden funcionar a gran escala sin perjudicar los ecosistemas marinos. El camino todavía es largo, pero parte de una fuente que no deja de renovarse: mientras el Sol y la Luna continúen atrayendo los océanos, las mareas seguirán llegando puntualmente a la costa. 

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