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¿Por qué las redes eléctricas son uno de los grandes retos de las renovables?

El avance de la energía limpia exige algo más que instalar paneles solares o aerogeneradores. Para que esa producción pueda aprovecharse, es necesario contar con infraestructuras capaces de transportar, distribuir y gestionar la electricidad en tiempo real. La modernización del sistema se ha convertido en una pieza clave para acelerar la transición energética y evitar nuevos cuellos de botella.

Las energías renovables avanzan a gran velocidad. Cada vez hay más parques solares, instalaciones eólicas, autoconsumo en viviendas y empresas, y nuevos proyectos vinculados a la electrificación de la economía. Sin embargo, producir más electricidad limpia no es suficiente: también hay que transportarla, distribuirla y consumirla en el momento adecuado.

Ahí es donde entran las redes eléctricas, una pieza menos visible que los paneles solares o los aerogeneradores, pero imprescindible para que la transición energética funcione. Las redes eléctricas se dividen en dos grandes niveles: la red de transporte, que lleva la electricidad a larga distancia y en alta tensión, y las redes de distribución, que la acercan hasta hogares, empresas e industrias. La primera está gestionada por un operador único del sistema eléctrico, mientras que las segundas dependen de distintas compañías distribuidoras según la zona geográfica.

Torres eléctricas. Fuente: Pixabay.

Durante décadas, el sistema eléctrico ha diseñado para funcionar de una forma relativamente sencilla: grandes centrales producían electricidad y una red que la llevaba hasta los consumidores. Ahora el modelo está cambiando. Según datos de Red Eléctrica, la generación renovable está más repartida por el territorio, depende de recursos variables como el sol y el viento, y convive con nuevos usos eléctricos, como la movilidad eléctrica, climatización eficiente mediante la sustitución de las calderas de gas por bombas de calor, o el hidrógeno renovable.

España es un buen ejemplo de este cambio. En 2024, el sistema eléctrico incorporó 7,3 GW de nueva potencia renovable, principalmente solar fotovoltaica y eólica. Además, las renovables generaron el 56 % de la electricidad del país, el mayor registro hasta la fecha. La Agencia Internacional de la Energía sitúa ya a España entre los países europeos con mayor peso renovable en la generación eléctrica: en 2023, estas fuentes aportaron el 51,4 % de la electricidad, por encima de la media europea, situada en el 45,5 %. El reto ya no es solo instalar más capacidad, sino asegurar que esa energía pueda integrarse sin perderse, sin saturar la red y manteniendo la calidad del suministro. 

¿Dónde está el reto?

Las renovables tienen muchas ventajas, pero también plantean nuevos desafíos técnicos. La electricidad solar se produce sobre todo durante las horas centrales del día, mientras que la eólica depende de la disponibilidad de viento. Esto puede provocar momentos con mucha producción renovable y poca demanda -de ahí también la importancia del almacenamiento-, y otros en los que ocurre justo lo contrario.

Además, muchas instalaciones renovables se sitúan en zonas rurales o alejadas de los grandes centros de consumo. Para aprovechar esa energía, hacen falta líneas, subestaciones, sistemas de control y redes de distribución capaces de absorber nuevos flujos eléctricos.

Los principales retos de las redes eléctricas son:

  • Capacidad: permitir que se conecten nuevas instalaciones renovables, industrias electrificadas, autoconsumo y puntos de recarga.
  • Flexibilidad: adaptar el sistema a una producción que varía según la hora del día y las condiciones meteorológicas.
  • Digitalización: conocer en tiempo real qué ocurre en la red para gestionar mejor la demanda y la generación.
  • Almacenamiento: guardar electricidad cuando hay excedente renovable y utilizarla cuando la producción baja.
  • Planificación territorial: construir infraestructuras donde sean necesarias, minimizando impactos ambientales y sociales.
  • Agilidad administrativa: reducir los plazos de tramitación sin renunciar a la seguridad ni a la protección ambiental.

Paneles solates. Fuente: Pixabay.

Europa y España

La importancia de las redes eléctricas ya forma parte de la agenda europea. La Comisión Europea ha impulsado un plan de acción para acelerar la expansión, modernización y digitalización de las redes, y en 2025 presentó nuevas orientaciones sobre inversiones anticipadas. El objetivo es evitar que la falta de red se convierta en un cuello de botella para las renovables, la electrificación y la competitividad industrial.

En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2023-2030 plantea que el 81 % de la electricidad sea renovable en 2030. Para lograrlo, será necesario reforzar tanto la red de transporte, como las redes de distribución. La nueva planificación eléctrica con horizonte 2030 se orienta precisamente a adaptar la infraestructura a un sistema con más renovables, más demanda eléctrica y más necesidades de conexión.

Este debate también afecta a Andalucía, una comunidad con gran potencial solar y eólico. El crecimiento renovable abre oportunidades para reducir emisiones, atraer inversión y generar empleo, pero exige redes preparadas para evacuar la energía producida, conectar nuevos consumos industriales y facilitar el autoconsumo.

La red como columna vertebral de la transición

Las redes eléctricas son, en definitiva, la columna vertebral de la transición energética. Sin ellas, una parte de la energía renovable no podría aprovecharse plenamente. Con redes más modernas, digitalizadas y flexibles, en cambio, será posible integrar más electricidad limpia, reducir el uso de combustibles fósiles y avanzar hacia un sistema energético más seguro y sostenible.

Esta necesidad no es exclusiva de España. La Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) estima que la inversión mundial en redes eléctricas deberá duplicarse durante la próxima década, pasando de unos 500.000 millones de dólares anuales (alrededor de 430.000 millones de euros) en 2025 a un billón de dólares al año (unos 860.000 millones de euros) entre 2026 y 2035. Además, será necesario ampliar o modernizar más de 80 millones de kilómetros de líneas eléctricas antes de 2040, junto con un fuerte despliegue de almacenamiento energético y soluciones de flexibilidad para que los sistemas eléctricos puedan integrar un volumen cada vez mayor de generación renovable. 

Por todo ello, el reto no consiste solo en producir más energía renovable, sino en construir un sistema capaz de gestionarla mejor. Porque la transición energética no depende únicamente de cuántos paneles solares o aerogeneradores instalemos, sino también de que la electricidad pueda llegar, en cada momento, allí donde se necesita.

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