‹ Volver

Noticias

¿Cómo se mide el impacto del cambio climático en la economía?

Fuente: GEEDS |

Aunque la economía del cambio climático es un área que lleva madurando bastantes décadas, aún existe un latente debate con respecto a ‘cuánto’ y ‘de qué manera’ este cambio global afectará a nuestros sistemas económicos.

A comienzos de los años 70, en las ciencias sociales, se empezaron a llevar a cabo los primeros intentos de cuantificar los impactos de un cambio en el clima en el sector agrícola. Asimismo, en la década de los 90, surgieron las primeras cuantificaciones monetarias de los daños, estimadas a nivel global.

Las dificultades eran y siguen siendo muchas. Aparte de la cuestión relacionada con la incertidumbre, que es enorme y atraviesa cualquier intento de cuantificar el impacto, existe una gran diversidad de métodos y modelos utilizados. Cada uno de ellos, además, parte unos planteamientos y premisas muy distintos, lo que acaba en resultados radicalmente diferentes.

Por ejemplo, si bien los Modelos de Equilibrio General Computable suelen estimar los daños climáticos en un rango de entre -0,2% o -4,6% del GDP, de manera anual, para incrementos de la temperatura de entre 1.5 ◦C a 4.8 ◦C, las estimaciones que incluyen las recomendaciones de científicos naturalistas están entre -4.9% al -99% del GDP para un incremento de 3-12◦C. [1]

Esta ambigüedad puede llevarnos a conclusiones incluso contrapuestas. Se podría decir, por un lado, que los efectos de un cambio en el clima no serán peores que unos años sin crecimiento [2] o, por otro lado, que los efectos pueden ser irreversibles, llevándonos a alcanzar un colapso civilizatorio en muy pocas décadas.

Las críticas hechas desde una vertiente a la otra, y viceversa, son numerosas. A los estudios llevados a cabo por economistas (generalmente neoclásicos) se les achaca que sobreestiman la capacidad de los mercados de adaptarse a un fenómeno tan disruptivo como es el cambio climático, mientras que al otro bando se le ataca de catastrofista. [3]

Entre los modelos más utilizados para analizar las relaciones economía-medioambiente están los Integrated Assessment Models (IAMs), que suelen estar enfocados a evaluar o guiar políticas públicas, normalmente en el contexto del desarrollo sostenible y la transición ecológica.

En este tipo de modelos, la cuantificación del impacto del cambio climático en la economía suele llevarse a cabo a través de las denominadas ‘Funciones de Daño’ (Damage Functions o DF) que se calibran a través de estimaciones previas, lo que en muchas ocasiones genera sesgos importantes, en función de los estudios en los que se apoya y los que deja fuera.

Estas funciones permiten relacionar la economía y el cambio climático a través de una variable económica dependiente, que suele ser el PIB, con una variable climática, como puede ser el incremento de la temperatura global media o la subida del nivel del mar.

Como venía mencionando, la incertidumbre es uno de los mayores problemas a enfrentar en este campo, por varias razones. Una de ellas es que no sabemos a ciencia cierta cómo será el clima del futuro: incremento de la temperatura que alcanzaremos, probabilidad de ocurrencia de fenómenos climáticos extremos, variabilidad en las precipitaciones, etc. Otra es que tampoco podemos saber exactamente cómo y cuánto afectarán unos fenómenos completamente nuevos a nuestra economía, ya que no tenemos datos históricos ni experiencia previa de algo similar.

Si bien es innegable que la incertidumbre es un problema, también es cierto que cada vez empiezan a sacarse más cosas en claro.

Se podría decir que hay consenso sobre la ‘no-linealidad’ de las funciones de daño. Esto significa que si la temperatura se dobla, el daño crece más del doble y que la pendiente varía (en este caso, crece) a medida que la temperatura se incrementa, llevando a mayores daños cada vez.

Sobre lo que no hay en absoluto consenso es sobre la forma exacta de la función dentro de esa ‘no linealidad’.  Esto puede verse en la imagen siguiente, que compara distintas funciones de daño estimadas en algunos IAMs de autores bastante reconocidos en esta área.

En los IAMs revisados, los daños varían entre un 1.9% y un 17.3% del PIB  para incrementos de la temperatura de 3◦C.

Comparación de distintas funciones de daño climático

Fuente: Howard, P.H, Sterner, T. (2017): “Few and Not so Far Between: A Meta-analysis of climate Damage Estimates” Environ Resource Econ 68, 197-225

 

Otro aspecto manifiesto es que los impactos van a ser mayores en los países pobres, lo que no tiene por qué estar relacionado con un menor desarrollo económico, sino más bien con  una mayor temperatura media, ya que suele coincidir que los países menos desarrollados económicamente son los más cálidos. [4] No obstante, ese daño puede ser incrementado por la menor capacidad de sus instituciones y recursos para reaccionar adecuadamente.

También parece clara la existencia de ‘puntos de inflexión’ (tipping points) que podrían llevarnos a una situación desconocida y de no retorno con consecuencias muy graves. Un ejemplo podría ser el derretimiento de la capa de hielo de la Antártida Occidental.

Si bien es un avance que haya acuerdo sobre algunos aspectos, las diferencias entre los resultados que veíamos al principio siguen siendo demasiado preocupantes. Con tanta ambigüedad, ¿cómo sabemos si se están tomando las decisiones políticas necesarias? Desde la academia, varias voces han empezado ya a avisar de la insuficiencia del objetivo marcado en el Acuerdo de París de no superar los 2◦C.

Es cierto que no podemos predecir el futuro ni saber aún si los ‘optimistas’ o los ‘pesimistas’ tendrán razón. No obstante, sí que podemos ser precavidos y, como decía Georgescu-Roegen, “minimizar los remordimientos futuros”.

Imagen 1: Impactos del cambio climático en la economía.